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Una niña estuvo a punto de morir por enfermedad extraña “síndrome de Rapunzel”

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El Hospital de Opava, en la República Checa, sorprendió con un anuncio médico tan inusual como inquietante: sus cirujanos extrajeron del estómago de una niña de 11 años una bola de pelo del tamaño de un vaso de medio litro. Esta acumulación masiva fue causada por un trastorno conocido como síndrome de Rapunzel, una condición extremadamente rara que afecta, en la mayoría de los casos, a niñas y mujeres jóvenes menores de 20 años.

¿Qué es el síndrome de Rapunzel?

El nombre de este síndrome proviene del personaje de cuento de hadas de los hermanos Grimm, Rapunzel, famosa por su larga cabellera. Sin embargo, detrás del nombre encantador se esconde una condición médica grave y poco frecuente. El síndrome de Rapunzel se produce cuando una persona, de forma compulsiva, se arranca el cabello (tricotilomanía) y posteriormente lo ingiere (tricofagia).

Este comportamiento da lugar, con el tiempo, a la acumulación de grandes masas de cabello en el estómago, conocidas como tricobezoares. Cuando estas masas son lo suficientemente grandes como para extenderse más allá del estómago hacia el intestino delgado, se considera que la persona padece el síndrome de Rapunzel.

El primer caso documentado fue en 1968, y desde entonces se han registrado solo unas pocas decenas en todo el mundo. Se trata de un trastorno raro pero potencialmente grave si no se detecta y trata a tiempo.

El caso en República Checa

La paciente, una niña de apenas 11 años, llegó al hospital con dolor abdominal y pérdida de peso progresiva. Un examen con cámara reveló que su estómago estaba completamente ocupado por una masa fibrosa densa: una bola de cabello de 20 centímetros de largo por 8 de diámetro. El tamaño hacía imposible retirarla por vía oral, por lo que los médicos optaron por una cirugía laparoscópica, un procedimiento mínimamente invasivo realizado a través de la pared del estómago.

“El posoperatorio transcurrió sin complicaciones y la niña se encuentra en buen estado de salud”, informó el equipo médico en un comunicado. Sin embargo, recalcaron que la atención no se detiene ahí: ahora será clave el tratamiento psicológico y psiquiátrico para abordar el origen del comportamiento compulsivo.

¿Qué provoca este comportamiento?

El síndrome de Rapunzel se asocia principalmente con la tricotilomanía, un trastorno del control de impulsos en el que la persona siente una necesidad irresistible de arrancarse el pelo. Cuando esta conducta se combina con la tricofagia (comer el pelo), se corre el riesgo de desarrollar este síndrome.

Este trastorno puede tener orígenes emocionales, psicológicos o neurológicos. En muchos casos, está vinculado a la ansiedad, el estrés, el trauma o el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). La Clínica Mayo indica que las personas con tricotilomanía pueden sentirse avergonzadas, culpables o frustradas por su comportamiento, pero son incapaces de detenerlo, incluso cuando ya se presenta daño físico evidente, como pérdida de cabello, infecciones o, como en este caso, complicaciones digestivas severas.

¿Cómo se diagnostica y trata?

El diagnóstico suele requerir una combinación de:

  • Entrevistas clínicas.
  • Exámenes físicos (incluyendo análisis de cabello y digestivos).
  • Evaluación psiquiátrica para descartar otros trastornos.

El tratamiento del síndrome de Rapunzel debe ser multidisciplinario. Por un lado, es necesario abordar las consecuencias físicas, como los tricobezoares (que casi siempre requieren cirugía). Por otro lado, se requiere terapia psicológica intensiva, que puede incluir:

  • Terapia cognitivo-conductual (TCC), una de las más efectivas para controlar la tricotilomanía.
  • Apoyo psiquiátrico, incluyendo medicamentos en algunos casos.
  • Trabajo con la familia, para establecer redes de apoyo sólidas.

Una condición poco conocida, pero que merece atención

Aunque extremadamente raro, el síndrome de Rapunzel refleja la complejidad de algunos trastornos de salud mental y conductual que afectan a niños y adolescentes. Muchas veces estos comportamientos no se detectan a tiempo, en parte por el estigma, la falta de información o porque los síntomas no siempre son evidentes en sus primeras fases.

Este caso en la República Checa sirve como un llamado a observar con sensibilidad los comportamientos compulsivos, sobre todo en menores. Detrás de una conducta extraña puede haber una lucha silenciosa que necesita ser atendida con comprensión, empatía y ayuda profesional.


¿Qué podemos hacer como sociedad?

  • No minimizar ni ridiculizar los comportamientos compulsivos. Buscar ayuda temprana puede evitar problemas mayores.
  • Fomentar el diálogo sobre salud mental en casa y en las escuelas.
  • Difundir información verificada y empática sobre trastornos poco conocidos.
  • Acompañar sin juzgar. Detrás de cada comportamiento hay una historia que merece ser escuchada.

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